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Una mujer en busca de autor
La figura de Eva Perón en dos narradores argentinos
María José Punte
publicado en: Iberoromania, Revista dedicada a las Lenguas y Literaturas iberorománicas de Europa y América, No. 46, Max Niemeyer Verlag, Tübingen, 1997, pp. 101-127
1. Introducción................................................................................................... 1
2. Abel Posse, La pasión según Eva................................................................ 7
2.1. Una estructura de gestación................................................................. .... 8
2.2. "Biografía coral"........................................................... ............................ 12
2.3. Tema de la voz......................................................................................... 15
3. Tomás Eloy Martínez, Santa Evita.............................................................. 19
3.1. Historia, novela y mito........................................... .................................. 20
3.2. Estructura.................................................................. .............................. 23
2.3. El narrador................................................................. .............................. 24
3.4. El significado histórico del cadáver de Evita............. .............................. 27
4. El MITO de Eva en la visión de dos autores................................................ 30
5. Conclusión.................................................................................................... 35
Bibliografía......................................................................................................... 38
Novelas.............................................................................................................. 38
Sobre Eva Perón................................................................................................ 38
Teórica............................................................................................................... 38
Artículos de diario............................................................................................... 39
Dentro del espectro de novelas que toman su materia narrativa del campo de la historia argentina es de notar la presencia de dos novelistas que con una corta diferencia de tiempo han recalado en uno de los personajes más controvertidos del ámbito nacional, no sólo por su vida indiscutiblemente novelesca, sino también porque despierta pasiones contradictorias. La aparición de estas dos obras de ficción, Santa Evita de Tomás Eloy Martínez y La pasión según Eva de Abel Posse, que fueron recibidas con espectativa y buena crítica, se vio escoltada por una biografía, producto de la investigación llevada a cabo por la escritora Alicia Dujovne Ortiz. Ante semejante aluvión biográfico, no es extraña la formulación de una serie de interrogantes: por qué elegir un personaje histórico para novelar?, por qué elegir a Eva Perón?, por qué varios autores lo hacen ahora?
La primera de estas cuestiones, la más general, no será desarrollada dentro de los límites de este trabajo en particular, pero es probable que se verá contestada al llegar al final. En cuanto a la segunda, es fácil responder que el interés surge ante esta mujer de vida folletinesca que pasó definitivamente a engrosar el panteón de grandes personalidades. Pero además se suma la circunstancia de que su figura se arraigó con extraña firmeza en la conciencia popular generando un mito. Evita, quien parecía haber sido explicada y quien descansara para la eternidad en su tumba de la Recoleta, reaparece súbitamente en escena resucitada por el arte de dos novelistas. A primera vista la obvia respuesta apunta al hecho de la atención suscitada en los últimos tiempos por varios proyectos fílmicos sobre su vida, algunos en vías de realizarse y otros frustrados. No estaría de más hacer notar que la polémica alrededor de las filmaciones surgió estando el peronismo en el gobierno.
Sin embargo se impone la necesidad de corroborar si este interés es realmente repentino o si constituye en la conciencia de los argentinos un problema no resuelto que espera todavía una revisión más profunda y en perspectiva con un nuevo período de su historia, el de una democracia en vías de consolidarse, y se concreta a través de la indagación de los novelistas a pocos pasos del fin de siglo.
Frente a toda ficcionalización de un tema histórico, se plantea al lector el tema de la constante oposición entre ficción y realidad, entre verdad y literatura. Existen montañas de escritos sobre Eva Perón, que de ninguna manera la agotan, pero no es nuestro objetivo cotejar las distintas versiones históricas que aparecen en las novelas ni comprobar su veracidad. De hecho, su vida, tal como aparece testimoniado en incontables biografías, se caracteriza por la ficcionalización. Es una construcción en parte inesperada, en parte consciente, desde el momento en que Eva asume su destino histórico. Eva Perón es un personaje de varios rostros, cuyo matices sólo pueden ser captados desde una perspectiva amplia. Esto es comprendido por los tres autores, quienes enfrentan el desafío de abarcar aspectos diversos y contradictorios a fin de rescatar al ser humano posible que yace tras los relatos.
Ante este imperativo de objetividad, lo más difícil es dejar de lado las pasiones que surgen desde determinadas posturas políticas e ideológicas. Y sin embargo la clave de Eva Perón se encuentra inevitablemente en un cruce de pasiones. La razón de su vida le fue dada por una pasión y resulta arduo acercarse a ella sin dejarse arrastrar por uno u otro viento.
El objetivo de nuestro trabajo es delinear la figura de Eva de acuerdo con la visión de cada autor, y parte de la premisa de su configuración en cuanto MITO, es decir un relato establecido en la conciencia de un pueblo que se refiere a estructuras primordiales e intenta ser explicación de una determinada experiencia. Evita encarna un símbolo que emerge desde el imaginario de la comunidad y que apunta a estructuras arquetípicas profundamente arraigadas. La magnitud que dicho símbolo adquirió en la vida de los argentinos se halla en consonancia con la personalidad de Evita, apasionada e hiperbólica. Pero limitarse a decir que Evita fue la causa de esa exacerbación, es no tener en cuenta los factores históricos y sociales que transitan la breve historia de la Argentina. Tampoco alcanzan las explicaciones psicologistas o meramente políticas. Están quienes quieren explicar este fenómeno desde la lucha de clases. Quienes, desde el resentimiento.
Se ha hablado mucho acerca de Eva como mito y de las distintas vertientes que éste ha adoptado. Nosotros nos remitimos al concepto de mito definido por Ricoeur [1] , "no como falsa explicación expresada por medio de imágenes y fábulas, sino como un relato tradicional referente a acontecimientos ocurridos en el origen de los tiempos, y destinado a establecer las acciones rituales de los hombres del día y, en general, a instituir aquellas corrientes de acción y de pensamiento que llevan al hombre a comprenderse a sí mismo dentro de su mundo."
Eva ha generado una serie de mitos claramente diferenciables. Se puede decir que las distintas versiones del mito de Eva Perón son expresión de la visión de mundo del pueblo argentino. Cada una de ellas representa el sentir de un determinado sector de la nación, su manera de enfrentarse a la realidad y de darle forma, sus deseos íntimos y su concepto del orden.
Distintos autores han analizado la figura de Evita, en busca del sentido que surge de su mitificación, desde diferentes posturas y ángulos críticos. Acudimos a la síntesis elaborada por Alicia Dujovne Ortiz [2] . Existe un doble mito de Eva, tipificado siguiendo la tradicional oposición entre Bien y Mal. De ese modo se habla del Mito Blanco y el Mito Negro para referirse a dos corrientes antagónicas. Luego se agregará un tercer mito, el Rojo, que aparece en un momento histórico distinto en respuesta a una situación social precisa. Este tercer mito rescata la pasión que atraviesa ciertos textos de Eva, y que fue interpretada como revolucionaria. Si bien las tres versiones tienen asidero en la personalidad de Eva, no responden a la que fue su realidad y circunstancia, sino que fueron modeladas a partir del imaginario simbólico de la comunidad.
De acuerdo con el Mito Blanco, se identifica a Evita con la Virgen, es decir la figura femenina que simboliza auto-sacrificio, dulzura, pureza e incluso martirio. Esta versión es la que propone a Evita como una santa y utiliza la consiguiente iconografía en su representación. De acuerdo con la opinión generalizada, el mito Blanco predominaría en las clases bajas y el proletariado, quienes serían básicamente los seguidores de la doctrina peronista, al haberse constituido como los destinatarios privilegiados de su política.
El Mito Negro, por el contrario, ve a Evita como la encarnación del mal y la adorna con todos los vicios y defectos, pero poniendo de relieve el aspecto de voracidad sexual, que se genera a partir de su imagen de mujer pública y su pasado de actriz. Para este grupo, constituido por las clases media y alta, Evita es una prostituta, trepadora, sedienta de poder.
Como es fácil comprobar, en esta percepción maniqueísta las dos son la contracara del mismo valor, que responde a una visión determinada de mujer, enraizada en la conciencia del pueblo en general, tanto en el proletariado como en la clase alta. Alicia Dujovne Ortiz menciona un elemento común que se encuentra como núcleo en ambos mitos, tanto en su aspecto positivo como negativo, y es el de la "pureza".
En su obra Eva Perón. The myths of a woman, Julie Taylor [3] desarrolla este tema, y subraya la consideración de que el valor de lo femenino se encuentra en la base de ambas visiones. Lo femenino visto además en relación directa con la sexualidad. Según Julie Taylor el ideal femenino se halla en relación con lo irracional, lo emocional y lo físico. De este modo, el poder ejercido por Evita se encuentra transido por dichos elementos, tanto desde el punto de vista de sus seguidores, que lo viven como positivo, como el de sus detractores, que lo ven simultáneamente de manera negativa. No hay términos medios en la consideración de la persona de Evita. O es una virgen, o una prostituta. Marysa Navarro [4] sintetiza con la siguiente descripción el Mito Blanco: "Asexuada, virginal, espíritu puro, es la madre ideal, síntesis y paradigma de todas las madres, la mater dolorosa". El Mito Negro invierte exactamente estos aspectos.
Julie Taylor estudia el proceso que se lleva a cabo luego de la muerte de Eva a través de los medios de comunicación y que desemboca en la progresiva "santificación" de Evita. Otros autores concuerdan en afirmar que el partido peronista utilizó la imagen de Eva especialmente a partir de su renunciamiento, enfermedad y muerte, como una manera de propaganda política que reforzó la imagen del movimiento y le proporcionó una mística. Según la autora antes mencionada, el mito de la Señora de la Esperanza y el Hada buena fue generado más bien por la clase media peronista que por el proletariado, quien mantiene una imagen altamente positiva pero realista [5] .
A su vez, tal como puntualizan Navarro y Fraser [6] , el proceso de "desantificación" rabioso que sigue a la caída del peronismo en 1955, fue tomado muy en serio a causa del poder vigente que se le reconocía a la difunta. Los autores subrayan la necesidad manifiesta en ambos intentos mitificadores de neutralizar de alguna manera el poder real que emana del personaje. Todos los mitos mencionados concuerdan en elevar a un nivel sobrenatural las virtudes y defectos de Evita, desvirtuándola.
Vista desde una perspectiva actual, Evita fue una transgresora, porque rompió los códigos de su época y estado. Sobre todo era una mujer que actuó en un campo reservado a los hombres, y sin dejar de ser mujer, ejerció el poder de una manera nueva, a la que la sociedad no estaba acostumbrada y que contradecía los modelos establecidos. Esto provocó extremas reacciones a favor y en contra [7] . Superó ampliamente su papel de esposa del Presidente. Realizó una obra social, pero no se limitó a ella, sino que se entrometió a menudo en la política. Estos hechos la convirtieron en "peligrosa" para la sociedad. Para las clases más humildes, encarnaba sus sueños y lo que ellos deseaban ser. Era una Cenicienta de carne y hueso. Para las clases media y alta significaba un elemento desestabilizador, ejemplo de la movilidad social y los cambios de roles. Dejó de ser la amante clandestina para ser la Señora. Una actriz de segunda clase se convirtió en Primera Dama.
Alicia Dujovne Ortiz menciona con ironía el surgimiento de un nuevo mito: el Rosa, el mito kitsch, una Evita de musical y de películas de Hollywood [8] . Esta sería otra manera de falsear el sentido verdadero del símbolo.
Los escritores que vamos a abordar buscan indagar a través de la novela, que se instaura como interpretación de la Historia, tras los mitos establecidos por la sociedad argentina para encontrar una imagen más completa de la mujer, a partir de la mayor cantidad de versiones posible. Por otro lado los novelistas mediante su facultad poética logran recuperar la reserva de sentido encerrada en el símbolo y de ese modo llegar a la comprensión, ya no sólo de lo que Eva Perón es o fue, sino de lo que los argentinos creemos que somos. En este aspecto nos guiamos con la premisa de Paul Ricoeur en relación al sentido de toda interpretación y la búsqueda detrás de los mitos: "Una tradición se agota mitologizando el símbolo; se renueva por medio de la interpretación que remonta la pendiente desde el tiempo agotado hasta el tiempo escondido, es decir, acudiendo de la mitología al símbolo y a su reserva de sentido." [9] .
Creemos que la obra literaria, que apunta al núcleo simbólico escondido en el hecho concreto y lo hace mediante la facultad imaginativa del autor, llega a una interpretación más profunda, ya que supera el ámbito del LOGOS para internarse en el misterio. Además de la actividad configuradora del novelista, quien a través de una metáfora, "arroja" el sentido encerrado en el símbolo, se encuentra la actividad refiguradora del lector, el cual completa el llamado "círculo hermenéutico". Por lo cual, junto a la historicidad del que escribe, que se sitúa dentro de una determinada perspectiva y tradición, está la del lector. El objetivo de toda interpretación se convierte entonces en la propia comprensión, ya que, como dice Ricoeur: "Toda hermenéutica es así, explícita o implícitamente, comprensión de sí mismo por el desvío de la comprensión del otro." (21) [10] .
"Eva Perón. Eva Duarte. Yo, María Ibarguren, la Irreconocida. María Eva Duarte de Perón. Marie Eve D'Huart. La Chola. La Negrita. Cholita. Mi negrita. Eva, María Eva. Evita.
La Puta. La Yegua. La Ramera. La Lujosa. La Enjoyada. La Descamisada esa. La Resentida. La Trepadora. La Santa. La Jefa Espiritual de la Nación. Evita Capitana. El Hada de los Desamparados.
Hay que aceptar todos esos nombres y apellidos. Soy, podría ser, todas y ninguna. (A todo nos debe pasar lo mismo). Pero en la etiqueta de la tapa del cuaderno puse Evita." (30)
Abel Posse, La pasión según Eva
La más reciente obra de Posse fue presentada en Diciembre de 1994. Desde un principio queda clara la intención del autor de realizar un relato puramente ficcional acerca de una de las figuras más controvertidas de nuestra vida política con el fin de "recuperar su destino, que fue de iluminada y desafiante tragedia" (p.11), tal como afirma en una nota preliminar.
En dicha nota el autor aclara varios elementos:
a - El carácter polifónico de la obra
b - La Historia como fuente de la materia novelesca
c - El papel del novelista como simple "coordinador" de las versiones
d - La estructura temporal: la historia es narrada desde la larga muerte de Eva
e - El carácter de MITO del relato sobre Eva
Vamos a partir del análisis de la estructura cronotópica de la novela, de acuerdo con la definición de Bachtin [11] , entendida ésta como una categoría del contenido de la forma. Tiempo y espacio son dos aspectos inseparables de una totalidad. Una determinada estructura temporal se inserta en una estructura espacial, y le da sentido. A su vez el tiempo se articula en el espacio y sus características se despliegan en él. La novela es configurada a partir de una específica categoría de espacio-tiempo que sustenta y da forma al símbolo.
La novela que analizaremos tiene en sí una estructura cronotópica que genera una metáfora particular en relación al mito de Eva. Luego de desarrollar este tema, siguiendo las líneas enunciadas por el autor, repararemos en los otros símbolos configuradores de la obra.
La novela de Posse está organizada siguiendo el criterio de la novela coral suministrado por Bachtin, de modo que la biografía de Eva es presentada a través de fragmentos que animan distintas voces coordinadas por el novelista. Además de ser una novela coral es una obra dialógica, tal como veremos más adelante al analizar el tema del narrador. A su vez todos estos fragmentos dispersos se encuentran reunidos en una serie de nueve capítulos. Cierra la obra un epílogo que retoma la voz de Eva después de muerta.
El número nueve, que se refiere en la obra a los meses de la agonía de Eva, nos sugiere de entrada una determinada estructura de referencia temporal, reforzada por el epígrafe que encabeza y que delimita cada capítulo. A través de esos epígrafes se realiza una cuenta regresiva desde los nueve meses de la enfermedad hasta la muerte. Hay una doble temporalidad en la conciencia de la enferma, que se abandona aletargada a la recordación: un tiempo detenido, el de los recuerdos, y un tiempo externo que avanza y se acelera al acercarse el final, apurado por la agonía. Dicha estructura temporal se ve aclarada al final de la obra con el epílogo. La voz que realiza la cuenta regresiva es la de Eva, quien transmite la angustia del tiempo que pasa inexorable hacia la muerte, remarcada por la repetición del adverbio "sólo" y los juegos de equivalencias temporales. La estructura temporal de los nueve meses incorpora la dimensión simbólica, lo que nos permite hablar de una "estructura de gestación".
Los episodios de la vida de Eva no se distribuyen siguiendo un orden determinado por el concepto lineal de la historia. Hay saltos temporales, flash-backs, temas que vuelven como en una pieza musical. El presente de la narración es el indicado por la voz y en el epílogo comprobamos que es un presente de eternidad, en el cual se sitúa también el narrador. El tiempo que avanza de mes en mes ( 9 meses, 8 meses, unos meses) se ve de pronto interrumpido y se realiza un retroceso al punto de partida: 272 días (pag. 211). Desde ese momento comienza la cuenta regresiva en días y el proceso de disolución se agudiza notablemente. Tras un largo capítulo cuyo presente se identifica con el último 17 de Octubre de Eva, el tiempo comienza a acelerarse (50 días, 41 días, unos días, 24 horas).
La estructura de gestación mencionada, que se exterioriza en el proceso de 9 meses doblemente remarcado (en meses y en días), tiene relación con uno de los temas de la obra, el cual alude directamente al aspecto de Evita puesto de relieve por el autor. Hay un proceso de transformación en la mujer, esquematizado en lo que numerosos autores llaman "las tres vidas de Eva". En este proceso se realiza el destino de una "simple mujer argentina", y aunque no haya sido comprendido por sus muchos antagonistas y detractores, en él se cifra el sentido de la vida de Eva Perón. Sólo atendiendo a este proceso que puede ser fácilmente seguido a través de las numerosas biografías y versiones de la Historia oficial, es posible comprender este destino individual que sin embargo fue llamado a encarnarse en un particular momento histórico. La novela sigue la transformación que lleva a la oscura Eva Ibarguren, la bastarda, a ser Evita, la compañera. El autor realiza simultáneamente un doble camino de ida y vuelta en virtud de la doble temporalidad mencionada. Plasma, a través de los recuerdos, el "nacimiento" de la figura que se convertirá en mito, desde el camino opuesto, el de la involución aparejada por la enfermedad.
El tema de le enfermedad tiene en la obra varios planos simbólicos. El más amplio es el que lo traslada al ámbito nacional. Eva compara su cáncer con el avance de los opositores del régimen, quienes intentan derrocar a Perón mediante un golpe. Bajo la mirada de Eva la oposición se resume en militares y oligarcas. En el lado opuesto se halla simplemente el pueblo. El general Menéndez avanza en su conspiración e intento de golpe de estado de igual modo que el cáncer, que silencioso pero sin piedad, destruye su organismo: "Hoy, 28 de Septiembre de 1951, la enfermedad coincidió nomás con el golpe militar. La intentona de los generales moralizadores y nacionalistas. No hay ninguna jactancia en eso de que yo identifique la suerte de mi esmirriado cuerpo con la robusta República." (98).
En el plano personal, el cáncer es "la otra", la Ibarguren, que vive como una sombra de la mujer que ella es, y la va consumiendo: "Pero yo no puedo disimular: he vuelto a ser como aquella mocosa que llegó con la valija de cartón y se plantó en la esquina de la avenida Alvear." (239)
Evita, a causa de la enfermedad, vuelve a su origen, al no-ser. Su vida es una construcción de ser, y por lo tanto, su muerte es la disolución de lo que es y el lento regreso a la nada: "En la balanza (...), he dado treinta y siete kilos: un claro viaje a la inexistencia. Quién aprovecha los kilos robados, o la Ibarguren vive fuera de mí, como un vampiro?" (305). Es una gestación al revés, tal como se expresa con la cuenta regresiva desde los 9 meses.
El destino histórico de Eva Perón es asumido por ella como una nueva existencia, la muerte a una vida anterior y la consiguiente resurrección, elemento subrayado con insistencia por la mitología peronista. Esta metafmorfosis se realiza como proceso a través de varias etapas. Las tres vidas de Eva sintetizan tres momentos claramente diferenciables dentro de su actividad pública. Juan José Sebreli las denomina de la siguiente manera [12] :
1- La actriz
2- La Señora
3- La compañera Evita
Cada uno de esos moementos representa un aspecto distinto de actuación asumida en un terreno particular, pero a la vez el proceso de cambio implica una evolución hacia la que será la imagen definitiva de Eva, en la que ella logrará plasmarse a sí misma. Esta imagen final cristalizará en el MITO, aunque de doble vertiente.
Dicho proceso se manifiesta exteriormente en un cambio físico que deja de ser anecdótico tratándose de una mujer que se preocupó particularmente por su apariencia. Se pone de manifiesto en eso una de las características de la personalidad de Eva, que era su conciencia de la femineidad. Es notable el cambio de fisonomía que acompaña y expresa el cambio interior, y que luego de alcanzar un punto culminante en el despliegue de lujo, se dirige a un contrastante ascetismo. No sólo se percibe en la ropa sino también en el peinado, y como corolario, en el gesto. Eva se moldea su persona. A lo largo de este proceso también son de notar los cambios de nombre aparejados por las distintas funciones:
1 - Eva Duarte (o Durante)
2 - Doña María Eva Duarte de Perón
3 - Evita
Su vestuario y su peinado evolucionaron primero hacia una mayor sofisticación, señal del ascenso social (era conocido su gusto por las pieles y las joyas, que muchos encontraron contradictorio con su prédica); luego hacia una simplificación en concordancia con sus tareas y su nueva función, probablemente impulsada por razones de practicidad, pero utilizada después conscientemente.
De la insignificante provinciana con mala dicción y pelo oscuro a la mujer segura y elegante, vestida en las mejores casas de París, que hechiza a las multitudes con sus discursos y una voz poderosa. Este cambio es seguido por el autor de la novela a través de los testimonios de las distintas voces que aportan variados puntos de vista: "Pero sí, fue en ese tiempo que 'parió su cuerpo', como ella decía. Era atractiva. Demasiado afinado el cuerpo, y las caderas, para el gusto de la época (...) Empezó a volar" (129); "Lo cierto es que ella estaba en el año de su poder. Además, esto se notaba hasta físicamente. Era como si estuviese arrancando de su cuerpo toda la hembridad que pudiese darle." (153)
Paralelamente a los distintos testimonios, Eva participa con su voz revisando en pantallazos los pasos que la condujeron hasta su situación de Primera Dama y Jefa Espiritual de la Nación. El mismo asombro que le produce confirmar los cambios en su vertiginosa carrera, es el que se manifiesta al comprobar su virtual desaparición a causa de la enfermedad: "Pero debo confesarme que casi he vuelto al cuerpo decepcionante de cuando me fui de Junín" (16).
La idea de nacimiento implícita en el proceso de transformación de la personalidad de Eva, es retomada por el autor, que la inserta en una determinada estructura temporal, los nueve meses de gestación, acorde con el contenido simbólico de la metáfora. De esa manera al organizar los hechos discordantes en un relato, hace surgir el sentido. Muerte y vida pasan a ser las dos caras necesarias del mismo simbolismo, a través del cual la conciencia de la sociedad asume a Eva como heroína, en cuanto ser actuante y transfomador. Eva muere para nacer a otra vida. En sentido figurado muere a su vida de actriz y pasa a ser la Jefa Espiritual de la Nación. En sentido real, muere a los 33 años en la plenitud de su carrera y nace como símbolo de incontables facetas.
Para la conciencia de muchos argentinos representa la intolerancia en lo político y es expresión de la barbarie. Pero en amplios sectores, la efigie de Eva sigue siendo el recuerdo de la dignificación de los trabajadores. Por último, en los años 70 fue enarbolada como bandera revolucionaria. Más allá de estos estereotipos, la voz que cierra la novela es una voz viva, que simplemente nos habla desde otra dimensión trans-histórica, que podríamos denominar mítica.
De este modo define el autor a su obra en la Nota que antecede el texto. Aclara también que su papel se limita a ser el de "coordinador de las versiones y peripecias que fueron delineando el mito" (11). Es una novela esencialmente dialógica en donde un "coro" de voces, que incluye a protagonistas y testigos, habla hacia un interlocutor. La necesidad de objetivar toda visión dentro de la novela se impone con fuerza en virtud del tema. Pocos personajes históricos despiertan tantos antagonismos como el de Eva Perón. Existen muchos testimonios acerca de su vida junto con enormes espacios vacíos y pistas falsas. La novela es un intento de llegar a una verdad más profunda ante la insuficiencia de la Historia.
La estructura dialógica se encuentra remarcada a través del uso del Imperativo (mire..., vea...), de los vocativos ("Me consagraban, esa es la palabra, padre." - p.40-), de preguntas ("Cómo la recuerdo?" - p.121-; "Me ungían (se dice así?)" - p.39-), y del uso de verbos como "preguntar" y "responder" acompañados de pronombres personales ("ya que me pregunta", "Yo le diría que fue por entonces", "Si me pregunta", "Respondo a su pregunta diciéndole que sí"). [13]
El interlocutor- entrevistador que habla con los testigos, o simplemente el interlocutor de Eva en algunos casos, se limita a transcribir la opinión o relato de su entrevistado. Sólo en tres momentos irrumpe el narrador dando una pista de su ubicación en el lugar en donde se produce la entrevista: el Hotel Sacher en Viena cuando habla con el Dr. Taiana (p.309), en Venecia con la evocación de Serge Lifar (268), y en Galicia con el embajador José María de Areilza (233).
Se pueden distinguir en el conjunto de los fragmentos, la siguiente serie de personas narrativas:
1 - Narrador en 3° persona omnisciente
2 - Eva habla en 1 persona
3 - Diálogos de Eva con Renzi, el padre Benítez, Irma, Silvana, Vera Pichel, etc.
4 - Testigos que hablan con un interlocutor -entrevistador. En algunos casos se dan a conocer, otros testigos no aclaran su identidad. En muchos casos son fácilmente identificables.
En el epílogo Eva continúa su diálogo desde la muerte, y se dirige a su interlocutor: "Usted ya sabe" (317), "se acuerda ?" (318). Esta última pregunta hace referencia a un episodio concreto que es contado por el narrador, es decir, por el interlocutor-entrevistador, quien en este caso adopta la forma tradicional de narrar. El fragmento de la página 182 evoca una noche de fiesta, la del 28 de Abril de 1945 en donde se anuncia la muerte de Hitler y el ingreso de la Argentina a las Naciones Unidas. En esa fiesta se encuentran Eva y Aramburu, quien años más tarde será el responsable de enterrar su cuerpo. Eva vuelve a mencionar esta circunstancia en el epílogo: "Un oficial que asumió la presidencia, con el que yo había bailado en la casa de Álvarez y de la Jardín _ se acuerda? _, impidió que me echasen al anonimato del fuego." (318). Al retomar Eva esta anécdota en diálogo con su interlocutor, éste se ubica junto a ella en un plano más allá de lo humano, hablando desde la orilla de la muerte.
Eva en su enfermedad y progresiva disolución, se sitúa en una perspectiva marginal, y utiliza recurrentemente imágenes que aluden a un espacio periférico y distanciado: "_ Sabés que me pasa algo raro ? Me veo como de muy lejos...Como si estuviese en otro planeta. Ayer, hoy, estuve evocando los días de mi infancia,(...)" (55, en todas las citas el subrayado es mío)
Se pregunta luego qué significa eso de recordar: "Es como si cayese en la trastienda del tiempo. Pero todo se ve de lejos, de muy lejos." (55). Usa la expresión de estar "como parada en la banquina" (78).
Hay una clara oposición entre dos espacios que significan dos estados, la vida y la muerte: "No. Disculpe, padre, pero me va a comprender, desde este aquí, casi al lado del horrible Lázaro, mejor estar allá, con la perrita, a los arañazos con la Lamarque, pero allá, en la fuerza de la vida." (175).
En el fragmento de la pag. 294 se narra la escena de su última salida, cuando Perón asume la segunda presidencia. El tiempo se anula en virtud de ese "ejercicio de recordación" y se funden pasado y futuro en el presente eterno de la voz : "Ahora veo el pasado y el futuro. Es el presente, este frío y estos cálidos vivas, que me parecen ilusorios. Estoy en un lugar donde los ojos de los otros no me alcanzan, y sin embargo yo puedo observarlos, como cuando me escondía detrás del armario, en Junín." (300).
Eva realiza el recorrido desde la casa hasta el Congreso, en el cual se superponen vida y muerte. El fragmento comienza con la ubicación temporal: 4 de Junio de 1952. Estando aún en la mansión, la imagen de la lluvia introduce un recuerdo de la niñez. Luego, a lo largo de su camino al Congreso, Eva, flotando sobre la ciudad en la ensoñación provocada por los calmantes, funde su presente con escenas del pasado y vuelve a ser la joven que llegó a la ciudad con una valija marrón. El futuro presentido por Eva, es el de su procesión mortuoria. Súbitamente ya no hay voces aclamándola sino un silencio lúgubre y el sonido de un clarín ejecutando el toque fúnebre.
En el epígrafe del último capítulo se sitúa claramente en la otra orilla: "Ahora quedan sólo veinticuatro horas. Ya no hay sueño ni lucidez. Sólo un gran mar en la noche cerrada. Los pies ya en la rompiente." (313).
Toda la novela es una revisión de su vida, objetivándola, mirándola desde afuera, como se supone que hacen muchos moribundos [14] . La imagen inicial de la novela muestra a Eva enfrentándose al espejo "de implacable sinceridad de enfermera alemana"(15), para "Afrontar la verdad del espejo".
La estructura espacial analizada se corresponde con la temporal. El no-espacio de la muerte, la orilla desde la que Eva contempla su vida, se mueve al compás de un tiempo de disgregación, de gestación al revés, como lo hemos llamado. Eva nos habla desde un Presente eterno que se encuentra más allá de la Historia. Es el espacio del MITO. En el epílogo repasa los hechos posteriores a su muerte hasta su encuentro póstumo con Perón, con una mirada cálida y un guiño humorístico, en diálogo con el autor que le devuelve la voz.
Tras la estructura de la obra, definida por el autor como una novela "coral", subyace el tema de la voz, actuando en este doble aspecto de elemento configurador y símbolo. El sentido de narrar mediante voces, se cifra en la necesidad que se plantea Posse de escuchar las distintas versiones que los testigos más o menos directos dan sobre este personaje. La figura de Eva parece ser a la vez causa y consecuencia de una división brutal en la Argentina. Encarna para el conjunto del país un mito, que es doble: la santa o el Hada, y la prostituta. Al realizar esta doble vertiente simbólica, da nombre y materializa una situación que existía de hecho, y que a pesar de los cambios políticos de las siguientes décadas, todavía continúa. Para algunos representó el nacimiento de una nueva nación sustentada sobre los valores de justicia social y solidaridad. Para otros el retorno a la barbarie, manifestada en la intolerancia política y el fanatismo. Con el fin de comprender esta realidad tan compleja y contradictoria es necesario escuchar las opiniones enfrentadas. Así lo entienden tanto los autores trabajados como Alicia Dujovne Ortiz.
Con respecto al personaje mismo de Evita, la voz simboliza el ser que ella alcanza, porque su voz es un elemento esencial al papel asumido dentro de la escena política. El dominio en el uso de su voz, significa para ella la posesión total de su persona como ser acabado.
La voz ha sido desde el comienzo de su carrera el único atributo que ha podido utilizar, ya que según opinión de varios, era físicamente insignificante. Se afirma como actriz en la radio, medio que Perón utilizó desde los comienzos para consolidar su poder como expresión de una manera inédita de hacer política. "Aprendí a dominar la voz. Esto desde los tiempos del teatro, porque como no tenía casi cuerpo...La voz fue importante, sí. Soy sólo mi voz. Políticamente, digo..." (132).
En la radio personifica a las grandes mujeres de la historia. Eva representa siempre un papel. Luego ella misma se convertirá en una heroína como las que solía interpretar. Hay una especie de bovarismo que se desarrolla a través de la voz, lo radial, el mejor modo de llegar a las grandes masas: "Prometer salud de combatiente y voz enérgica, como aquella voz que logré en Radio Belgrano cuando Catalina de Rusia convoca al pueblo contra la infamia de los terratenientes boyardos." (214).
A medida que se transforma y va ocupando un espacio en la política, su voz se prepara, hasta alcanzar el tono y la fuerza que la convierten en el elemento inseparable del icono de Eva. Todo confluye en una imagen que se volverá arquetipo: el pelo dorado reunido en un apretado rodete, la figura nerviosa envuelta en un tailleur sobrio y elegante, la sonrisa siempre lista para el pueblo, los ojos llameantes, y la voz.
Autores de distintas extracciones concuerdan en su descripciones de los discursos de Evita. Dice Sebreli: "La lectura de sus discursos no refleja sus audaces desafíos, sus arrancadas y aceleraciones progresivas del ritmo, sus súbitos arrebatos de ira, los momentos dramáticos en que su voz se sobrepasa y empieza a gritar, sus sollozos entrecortados, sus vacilaciones, sus momentos de cansancio y amargura. Aun la teatralidad de sus gestos no chocaba, porque era lo que más convenía a la intensidad de su dramatismo. En sus discursos más logrados, cuando improvisaba frente a las mujeres o a los obreros, en realidad dialogaba con el público, adivinaba lo que éste quería expresar a través de su voz, y lo decía como en un trance mediúmnico." [15]
Dice Félix Luna: "Leídas ahora, estas frases no pueden transmitir todo lo que Evita les ponía con su voz aguda y desgarrada, su ritmo de galope, el golpeteo de las palabras reiteradas; ni, por supuesto, el marco enamorado de la multitud de la Plaza." [16]
Del mismo modo que la voz acompaña las distintas etapas de la metamorfosis, también es en la novela signo de la progresiva descomposición: "Pero debo renunciar: me he quedado sin voz. (...) Hoy no tengo voz. Ni pública ni privada ni radial ni casera. Y yo sin voz, francamente..." (296)
En contrapunto orquestal con la voz de Eva y de Perón, los líderes, se encuentra en un permanente diálogo la voz del pueblo. Posse no olvida al otro gran protagonista, cuando define su obra en la Nota: "Biografía de grupo, con personaje central (de capelina, sonriente) con fondo de coro y pueblo." (11). De ahí que el símbolo de la voz tenga un contenido político más allá de las figuras de Eva y Perón. Es imagen del "voto", la participación efectiva en la vida democrática.
El pueblo, ese conjunto homogéneo de seres anónimos, es descrito a menudo como un animal oscuro, ya que el rasgo puesto de relieve es la intuición, en oposición a la razón (Eva se adjudica a menudo esta cualidad a sí misma). A través de sus líderes adquiere una voz, que junto con el voto que mal o bien ya poseía, no volverá a perder y hará valer en más de una ocasión: "Es extraño: es como si esa enorme masa informe, derramada hasta más allá del obelisco, en la penumbra del anochecer, tuviese una voz única, precisa, misteriosamente exacta para hacer llegar su voluntad." (41) Con la irrupción de esta voz se abre una etapa nueva en la vida política argentina, que algunos comprendieron y otros no. El fundamento del poder de la pareja Perón, se halla en la voluntad del pueblo, no en su totalidad, pero sí en grandes sectores que habían sido torpemente olvidados y marginados por la Argentina ilustrada. Perón pretende democratizar "socialmente", consciente de que un pueblo verdaderamente grande y soberano, como el que la Argentina aspiraba a ser, solo era posible con la inclusión de todos sus integrantes.
La voz significa además presencia, contacto directo, en oposición simétrica al silencio, que es ausencia. Eva siente un lazo de amor hacia el pueblo, y no se extiende hacia él desde el poder, sino que sitúa en el centro mismo de esa fuerza, recordando en toda ocasión que ella también es pueblo. Así aparece descripta su acción en la obra como un verdadero acto de amor: "Lo que cuenta, lo que los animará a creer que todavía es posible la vida y que todo esto no es una atroz bufonada, es el hecho de que alguien reciba su palabra, que alguien corresponda a su ser y que con la mayor prontitud, a vuelta de correo, se conteste a su señal desamparada. Este es el secreto: Esto es lo que cuenta...La gente vivió siglos de olvido, Renzi, de silencio." (58, el subrayado es nuestro).
De acuerdo con lo dicho, aparece el tema de la voz en la novela como una manera de caracterizar a la persona. "Si usted observa bien, Perón es, antes que nada, una voz diferente." (133), dice Eva. Ella describe a los argentinos, especialmente a los porteños, por su manera de hablar y realiza una crítica de la prepotencia que los caracteriza y que se manifiesta en la conversación: "Los porteños, que se adueñaron de la Argentina, tienen una forma de hablar abusiva, evidente, impúdica, chillona. El porteño habla encimándose al interlocutor. Lo asedia, no le deja espacio. Quita toda la intimidad al diálogo, busca rápido la conclusión triunfal, como el mal amante." (132 - 133).
Novela coral, dialogante, no sólo en su forma sino también en su contenido. La voz aparece como elemento caracterizador por ser esencial a la persona. Por eso no es accesorio su papel en la transformación que sufre Eva. Pero además define la relación que se establece entre Eva y el pueblo, y este binomio se coloca en el centro del tema político. Si hay algo que es fundamental en la democracia es el diálogo. Perón no dialogó ni mucho menos con todos los sectores, sino que silenció a todos aquellos que osaron elevar su voz de protesta y de oposición. Pero le devolvió la voz a una parte importante de la población. Más aún: dialogó con ella cara a cara, como se habla con un vecino. Esta cercanía, que a menudo es difícil de lograr en una democracia, implica la personalización de lo que era antes impersonal. Se le pueden poner muchos nombres, que definen otros tantos vicios de la vida política: personalismo, demagogia, caudillismo. Sin embargo es real que no se puede gobernar de espaldas al pueblo. Y el tema de la voz sirve también como metáfora que expresa esta relación, base de una verdadera democracia: (Eva, refiriéndose al 17 de Octubre de 1945) "..., cuando oí por primera vez en mi vida el vozarrón, el trueno del pueblo. De nuestro pueblo conquistando el poder para la verdadera democracia, que es la democracia de la justicia, del dar... Aquel vozarrón es la música más dulce que un humano pueda oír." (202).
"No iba a contar a Evita como un maleficio ni como un mito. Iba a contarla tal como la había soñado: como una mariposa que batía hacia adelante las alas de su muerte mientras las de su vida volaban hacia atrás." (78)
Tomás Eloy Martínez, Santa Evita
El autor retoma un tema relacionado con uno de los episodios políticos centrales de la historia argentina de este siglo, el fenómeno del peronismo, pero esta vez el personaje central es la figura de Eva. En La novela de Perón, Tomás Eloy Martínez había realizado también una búsqueda dirigida a desentrañar la verdad sobre el líder justicialista, quien tanta gravitación tuvo en la vida de los argentinos. Se había planteado la insuficiencia de la Historia oficial para comprender la personalidad de Perón y la incapacidad de la biografía para llegar a la verdad del personaje. La verdad se hallaba aún oculta tras el discurso creado. Parecería ser también éste el objetivo al indagar sobre el destino de la famosa mujer de Perón. En este caso la presencia de un MITO, tal como lo hemos definido en la introducción, se hace más evidente, ya que Eva reúne una serie de características que la presentan con más claridad como tal trascendiendo los límites de un personaje puramente político.
Algunos de los conceptos utilizados para el análisis de Santa Evita, encuentran apoyo en el estudio del alemán Roland Spiller [17] , quien en su trabajo de doctorado se ocupa de la La novela de Perón, si bien centra su interés en el tema de la búsqueda de identidad. En especial haremos referencia a la concepción de la "novela archivo" y, en relación a ésta, al narrador como "detective literario". Ambos temas están íntimamente unidos al problema de la ficción y la realidad que plantea el autor al recalar en la Historia para escribir una obra novelesca.
El tema de la Historia, la novela y el mito aparece planteado con frecuencia por el narrador, cuyo objetivo es escribir una obra de ficción. Recurre a la forma de "novela archivo", utilizada también en La novela de Perón y que pone de manifiesto el enfrentamiento entre verdad y ficción, al utilizar testimonios históricos mezclados en una trama literaria con una intención lúdica. Esta forma, de obvio ascendente periodístico, se presenta como la reunión de una gran variedad de material que incluye documentos directos, literarios, material de los archivos, grabaciones, filmaciones, recortes de diarios y descripciones de fotos, fruto de la investigación del narrador- periodista. Sin embargo pronto se enfrenta éste con la imposibilidad de dar coherencia a esta enorme masa de información, y la narración deriva de manera aparentemente no deliberada hacia lo caminos de la pura ficción: "Acumulé ríos de fichas y relatos que podrían llenar todos los espacios inexplicados de lo que, después, iba a ser mi novela. Pero ahí los dejé, saliéndose de la historia, porque yo amo los espacios inexplicados." (390).
Según la definición de Roland Spiller, la función del archivo consiste en documentar los sucesos por sobre la memoria individual [18] . Una vez más Tomás Eloy Martínez plantea en una novela la relativización de la verdad en el encuentro de historia y ficción. Y según Spiller, la elección de la novela como género se presenta como revalorización de la ficción en cuanto medio para llegar a la verdad, más eficaz que los modos tradicionales de escribir la historia [19] .
El tema de la relación entre las distintas formas de narrar que constituyen la historia y la novela aparece explícitamente planteado por el autor. La materia es sin duda histórica y pertenece al terreno de los hechos sucedidos en el pasado. Pero la duda aparece en el momento de la configuración del relato, ya que se pone de manifiesto la insuficiencia de la Historia como género ante la existencia de un tercer elemento: el MITO. La figura de Eva ya es mito, porque ha sido re-elaborada por la imaginación colectiva en un relato establecido que funciona como permanente explicación de lo sucedido en el pasado. Sólo a través de la novela se puede recuperar aquello indecible, el símbolo, que se expresa mediante la metáfora instaurada por el mito: "Lo primero que noté es que en esos papeles había un relato. Es decir, el manantial de un mito: o más bien un accidente en el camino donde mito e historia se bifurcan y en el medio queda el reino indestructible y desafiante de la ficción. Pero aquello no era ficción: era el principio de una historia verdadera que, sin embargo, parecía fábula." (365)
Al igual que en la vertiente de autores que extraen temas narrativos de la historia, el autor no se aparta de la consideración de la literatura como búsqueda más plena de la verdad, en virtud de la facultad imaginativa: "Si la historia es - como parece - otro de los géneros literarios, por qué privarla de la imaginación, el desatino, la indelicadeza, la exageración y la derrota que son la materia prima sin la cual no se concibe la literatura ?" (146).
En el ámbito de la obra literaria encuentra la historia una gran libertad, ya que la novela es un mundo con leyes propias que inserta como toda obra de arte, una nueva entidad dentro del círculo de lo real. Verdad y mentira son dos categorías que dentro de la ficción invierten su signo, y finalmente lo único que se erige como "verdad" es la obra en sí: "_ Como usted dijo, es una novela _ expliqué _ En las novelas, lo que es verdad es también mentira. Los autores construyen por la noche los mismos mitos que han destruido por la mañana.
_ Ésas son palabras _ insistió Corominas _ A mí no me convencen. Lo único que valen son los hechos y una novela es, después de todo, un hecho." (389).
Resulta difícil al novelista definir qué clase de camino hay que seguir para plasmar a Eva. La novela se presenta para el autor como un manera de reinventar la realidad. El narrador define la relación entre realidad y relato: "...la realidad no resucita: nace de otro modo, se transfigura, se reinventa a sí misma en las novelas." (22). Por eso la imagen de Eva se le aparece al autor obsesivamente como una mariposa [20] . Lo característico de la mariposa es morir como insecto para nacer, luego de haberse gestado una crisálida, como otro ser transmutado hacia algo más bello.
La imagen de Eva lo persigue y lo arrastra a una indagación, que debe concluir inexorablemente con la producción de un texto. Pero Eva ya no es ella misma, como dice el narrador: "Poco a poco, Evita fue convirtiéndose en un relato que, antes, de terminar, encendía otro. Dejó de ser lo que dijo y lo que hizo para ser lo que dicen que dijo y lo que dicen que hizo. Mientras su recuerdo se volvía cuerpo, y la gente desplegaba en ese cuerpo los pliegues de sus propios recuerdos, el cuerpo de Perón _(...)_ se vaciaba de historia." (21)
Eva pasó por la historia y dejó algo más que un capítulo. Hay un cuerpo embalsamado que tiene impensadas connotaciones. El cuerpo muerto de Evita es más que un cuerpo. Es la encarnación en células y fibras de una cisma histórico. Es amor y odio materializados.
La historia oficial se presenta como insuficiente en especial con relación a un tema tan polémico y que ha dividido tanto la opinión de los argentinos. Pero no se debe sólo a razones ideológicas, sino a la ambigüedad del personaje. Realidad y relato se encuentran intrínsecamente ligados, porque en definitiva lo que permanece es siempre el relato. Un hecho se convierte inmediatamente en su relato en la corriente del devenir temporal, ya que es esencial al pasado el ser recuerdo. El problema se plantea cuando los recuerdos son manipulados: "Sabés por qué nadie habla? Porque cuando en este país una locura no puede ser explicada, se prefiere que no exista. Todos miran para otro lado. Viste lo que hacen los biógrafos de Evita ? Cada vez que tropiezan con un dato que les parece loco, no lo narran." (245)
Por su parte el autor reivindica el elemento de la locura, como más auténtico, que sólo tiene cabida en el ámbito de la ficción: "Por qué la historia tiene que ser un relato hecho por personas sensatas y no un desvarío de perdedores como el coronel y Cifuentes?" (146).
La premisa del autor es "salirse" de la historia, tal como propone a través de un epígrafe tomado de Levi-Strauss, La pensée sauvage. Esto implica escapar de la versión oficial de la historia, para realizar una indagación más profunda sobre aquellos aspectos que sólo la mirada alucinada de un novelista puede develar.
La obra está contada a través de fragmentos organizados en 16 capítulos. A lo largo de esos capítulos, el autor reúne información y declaraciones de testigos que aportan datos, a veces al parecer inéditos acerca de la vida de Eva Perón. Cada uno de los capítulos lleva como título una frase dicha por Eva, tomadas de los discursos, o de las obras La razón de mi vida y Mi mensaje, en relación con el tema del capítulo. Hay dos historias que corren paralelas en la trama:
- Las peripecias sufridas por el cadáver de Eva desde que es embalsamado hasta que es finalmente enterrado
- La pesquisa realizada por el autor-narrador, que a modo de "detective literario", se propone reconstruir el enigma del cuerpo
Dentro de esta segunda línea, el narrador plantea las dificultades que se encontró al intentar narrar a Evita, quien por otra parte quería ser narrada, tal como se ve en el capítulo 3: "Un alma que no ha sido escrita es como si jamás hubiera existido. Contra la fugacidad, la letra. Contra la muerte el relato." (62). Desnuda el proceso narrativo y nos revela la estructura de la obra, a través de la imagen onírica de Eva como mariposa: "Si esta novela se parece a las alas de una mariposa _ la historia de la muerte fluyendo hacia adelante, la historia de la vida avanzando hacia atrás, oscuridad visible, oxímoron de semejanzas _ también habrá de parecerse a mí, a los restos de mito que fui cazando por el camino, a la yo que era Ella, a los amores y odios del nosotros, a lo que fue mi patria y a lo que quiso ser pero no pudo." (65).
La novela tiene ese doble movimiento simultáneo de la historia de la muerte, es decir, la suerte corrida por el cadáver embalsamado de Eva, y de la historia de la vida. En el capítulo 1 comienza la acción el 26 de Julio de 1952, día de la muerte de Eva, y se va avanzando hacia atrás hasta el capítulo 15, en el cual son narradas a través de la voz de doña Juana Ibarguren, las anécdotas de su niñez. A su vez el relato parte en el primer capítulo del año 1955, cuando le es encomendada a Cnel. Moori Koenig la misión de enterrar el cuerpo en un operativo secreto. Las peripecias que se tejen alrededor de la momia y que constituyen la novela "policial", duran dos años (desde el 55 hasta el 57) y son desarrolladas hacia adelante a lo largo de los 16 capítulos.
La historia de la narración es una de las líneas temáticas de la novela, ya que en ella aparece el narrador como personaje que se plantea en momentos precisos el sentido de la escritura y la posibilidad de crear un relato orgánico, vivo y, en este sentido, fiel a la verdad. El narrador, "un personaje emboscado bajo el apócrifo seudónimo de Tomás Eloy Martínez", tal como lo define Mario Vargas Llosa [21] , puede ser encuadrado dentro de la categoría del "detective literario", descrito por Roland Spiller como recurrente dentro de la narrativa argentina, en especial en el contexto rioplatense [22] . Los detectives literarios son en general hommes de lettres, que se plantean el problema de la representación literaria de Verdad o Historia. Puede ser un sujeto ficcional o real, que de hecho intenta resolver un caso, situado en un determinado contexto social, profundizándolo en mayor o menor medida históricamente. Tras cada caso se halla un conflicto entre individuo y sociedad. Por otra parte el detective busca mediante su pesquisa la propia identidad. La configuración de la relación entre ficción y realidad le permite generar una perspectiva múltiple, ideal para la indagación literaria de la identidad, en la cual se cruzan la historia privada y la nacional.
La novela Santa Evita es la pesquisa realizada por el autor-narrador que junta pistas, relatos, datos, con el objeto de reconstruir la historia del cadáver. Significa la resolución poética de una obsesión del narrador, que se extiende al ámbito colectivo, representado por facciones antitéticas, tales como los militares que derrocaron a Perón, y las masas adoradoras de Eva, intelectuales de sectores tanto peronistas como anti-peronistas, e incluso personajes periféricos como el embalsamador Pedro Ara.
Desentrañar el destino de ese cadáver significa entender años de historia del país. El cuerpo de Eva deja de ser lo que es, para convertirse en símbolo de un país dividido, y todo habrá de girar alrededor suyo. Las historias personales se ven atravesadas por esta mujer, quien se convierte en una línea divisoria, un antes y un después. Se ve claramente en varios personajes: el coronel Moori Koenig quien enloquece; el embalsamador Ara, que queda enamorado de su obra; el proyector de cine, José Nemecio Astorga; su hija, quien cree que la momia es una muñeca; todos los militares que se ven implicados en la operación y cuyas vidas se ven brutalmente cambiadas (Arancibia mata a su mujer, Galarza queda con la cara desfigurada). Y por supuesto el propio narrador, ya que la historia de Eva se confunde en su conciencia con la propia historia, signada por el exilio, la presencia de los desaparecidos, el andar errabundo de una generación sumida en la inestabilidad política.
Es una novela policial en donde no hay que descubrir al asesino sino encontrar al muerto. Pero esta pesquisa puede llevar al detective a la perdición. Su investigación se ve constantemente asociada a las premoniciones más nefastas. Lo mismo le ocurre al grupo de militares de los Servicios de Inteligencia. El destino de aquellos que se involucran con el cuerpo momificado concluye trágicamente. Por eso se evoca de modo recurrente el tema de Tutankamón y Lord Carnevon. Persiste entre los personajes la sensación de estar ante una maldición. Y al igual que en el culto a los muertos de los egipcios, ésta es el precio de la profanación.
La idea de un enigma que al ser resuelto lleva al detective a la perdición, es mencionada en relación al cuento de Borges, La muerte y la brújula, y al de Rodolfo Walsh, Esa mujer. El narrador establece la relación entre ambos cuentos y el relato. El cuento de Walsh es tomado como clara referencia: hay una muerta, un hombre que la busca, y un coronel que la ha escondido. El coronel de Esa mujer, dice, se parece al detective de La muerte y la brújula, porque "ambos descifran un enigma que los destruye" (57), y así queda trazado el triángulo entre las tres obras. El recurso de entrelazar vida y literatura no es el único elemento de inspiración borgeana que aparece. Del cuento de Borges toma con ironía la idea de los gustos ocultistas del coronel, quien elabora su plan de acción utilizando elementos esotéricos, como el tridente de Paracelso con el que dibuja una figura triangular en un mapa. El narrador interrumpe para acotar por boca de un personaje: "El ingenioso juego del detective Lönnrot en 'La muerte y la brújula' es un juego mortal, pero sólo sucede dentro de un texto. Lo que el Coronel tramó debía suceder en cambio fuera de la literatura,..." (151). Para el coronel, formado en un extremo racionalismo, el azar puede ser controlado. Sin embargo, los hechos demostrarán que el azar es un elemento inevitable de la realidad, y que ningún plan, por más detallista y pormenorizado, resiste su embate. La realidad, el cadáver de esa mujer, no puede ser dominado. Y esta certeza termina apoderándose del puntilloso coronel, y destruyéndolo. Estos elementos (el azar, el mundo como un laberinto misterioso, la realidad como un camino lleno de bifurcaciones) son típicamente borgeanos, y recorren toda la obra. "Fue el azar, diría el Coronel años después, al hablar con Cifuentes aquella noche. La realidad no es una línea recta sino un sistema de bifurcaciones." (177). La relación con los otros textos que entremezcla la vida con la literatura nos coloca dentro del tono general de la obra, que plantea la relativización de los diferentes discursos en su acercamiento a la realidad.
Hemos mencionado que la búsqueda del narrador tiene las características de una obsesión que se inserta en el plano personal. De la resolución narrativa depende su equilibrio emocional y vital: "Desde que intenté narrar a Evita advertí que, si me acercaba a Ella, me alejaba de mí. Sabía lo que deseaba contar y cuál iba a ser la estructura de mi narración. Pero apenas daba vuelta la página, Evita se me perdía de vista, y yo me quedaba asiendo el aire. O si la tenía conmigo, en mí, mis pensamientos se retiraban y me dejaban vacío." (62,63). Uno de los Leitmotiv de la novela es esta visión de Eva como centro alrededor del cual giran los afanes de los distintos hombres que se encuentran relacionados con ella a causa de los motivos más dispares. El narrador, a pesar de su racionalidad y posición política no logra escapar a esta fuerza de atracción. La persecución del cadáver es una búsqueda personal: "Hubo un momento en que me dije: Si no la escribo, voy a asfixiarme. Si no trato de conocerla escribiéndola, jamás voy a conocerme yo." (390).
La intención inicial del periodista, aclarada en el capítulo 3, era redactar una biografía para lo cual había juntado material y hecho entrevistas. Al escribir su obra sobre Perón, sólo pudo internarse en el aspecto privado de la personalidad del ex-presidente, ya que le era imposible abarcarlo desde sus hazañas políticas. "No fue así con Evita", dice, "Eva es también un ave: lo que se lee al derecho tiene el mismo sentido cuando se lee al revés" (64). Lo cual significa para el narrador que Eva puede llegar a ser abarcada en forma más completa, no sólo como personaje histórico, sino como mujer y como mito: "Lo que a mí me seducía, en cambio, eran sus márgenes, su oscuridad, lo que había en Evita de indecible" (64).
El narrador- detective vive la paradoja de resolver un misterio que lo lleva a su perdición, tal como le avisan recurrentes advertencias. Debe realizar el exorcismo que lo liberará de esa maldición. Los otros personajes obsesionados por Evita no lo lograrán, pero el escritor realiza a través del ejercicio de la ficción su liberación, que implica en parte sacudirse de los fantasmas del pasado, tanto personales como políticos, y resolver especialmente el miedo y la inseguridad acarreados por años de dictadura y de terror. La posibilidad que presenta el arte de resolver el conflicto se refuerza en la novela con la figura de Rodolfo Walsh, quien anticipa el destino de nuestro detective. Ambos aparecen en París en 1967, cuando el desaparecido cuerpo de Eva se había convertido en una obsesión para muchos. Walsh ya había escrito su cuento. Ante la propuesta del narrador de buscar el cadáver en Bonn, Walsh responde: "_ Yo no_ Cuando escribí 'Esa Mujer' me puse fuera de la historia. Ya escribí el cuento. Con eso he terminado" (305, 306).
Un muerto insepulto acarrea una situación de injusticia y desorden para la sociedad, ya que es un deber sagrado enterrarlo, y ninguna disposición del Estado puede contrariarlo. Este es el planteo que encontramos por ejemplo en el mito de Antígona. Hay que enterrar a los muertos, y es lo que se realiza en la novela, cuya función catártica se pone en clara evidencia. Finalmente el narrador decide "salirse de la historia" y terminar él también.
La figura de Eva Perón expresó, como casi ningún otro personaje en la historia argentina, los conflictos que dividieron al país. Durante su breve carrera generó todo tipo de amores y de odios. En vida ya se había tejido toda una mitología de doble vertiente: una santa, para quienes se sentían identificados con su accionar; la mujer del mito negro, para sus detractores. Pero la prematura y dolorosa muerte, llevó esta mitificación a su punto culminante. Con el tiempo surgió entre los jóvenes peronistas de izquierda una nueva vertiente, la que tomaba el aspecto más revolucionario y que generó la idea de que "Si Evita viviera, sería montonera".
La novela de Eloy Martínez revisa el mito de Eva partiendo de esta situación por la cual un cuerpo inerte se transforma en bandera, generando toda clase de significados y avivando las pasiones que la rodearon mientras vivió, con el agregado del elemento utópico que adjunta su muerte.
El coronel Moori Koenig le dice al embalsamador: "No es el cadáver de esa mujer sino el destino de la Argentina. O las dos cosas, que a tanta gente le parecen una . Vaya a saber cómo el cuerpo muerto e inútil de Eva Duarte se ha ido confundiendo con el país. No para las personas como usted o como yo. Para los miserables, para los ignorantes, para los que están fuera de la historia. Ellos se dejarían matar por el cadáver. Si se hubiera podrido, vaya y pase. Pero al embalsamarlo, usted movió la historia de lugar. Dejó a la historia dentro." (34).
Eva muerta se convierte en símbolo en el cual se cruzan las posiciones encontradas del país. No es el único "cuerpo" problemático en la historia de Argentina (Otro ejemplo es el caso de Juan Manuel Rosas, que fue repatriado por el nuevo gobierno peronista). Arancibia, otro personaje, dice: "Ahora es un cuerpo demasiado grande, más grande que el país. Está demasiado lleno de cosas. Todos le hemos ido metiendo algo adentro: la mierda, el odio, las ganas de matarlo de nuevo. Y como dice el Coronel, hay gente que también le ha metido su llanto. Ya ese cuerpo es como un dado cargado. El presidente tienen razón. Lo mejor es enterrarlo, creo. Con otro nombre, en otro lugar, hasta que desaparezca." (154).
Durante mucho tiempo el nombre de Eva Perón, así como el de su esposo, fue proscrito. Una forma de negar la existencia de una realidad es no nombrarla, y por el contrario, al nombrar se le concede existencia. A lo largo de su vida y después de muerta Eva fue nombrada de muchas maneras, demostrando cómo el mito que tomaba dos vertientes opuestas, se alimentaba de la misma fuente, pero invertía el signo: "A Evita se le decía 'esa mujer', pero en privado le reservaban epítetos más crueles. Era la Yegua o la Potranca, lo que en lunfardo de la época significaba puta, copera, loca. Los descamisados no rechazaron por completo la invectiva, pero dieron vuelta su sentido. Evita era para ellos la yegua madrina, la guía del rebaño." (22).
Un cuerpo incorruptible vence de alguna manera a la muerte "dentro" de la Historia. Es evidencia. Se puede convertir en objeto de culto, en monumento. Es algo que ya no pertenece a este mundo, pero que sigue en él: "_ Muerta _dijo _, esa mujer es todavía más peligrosa que cuando estaba viva. El tirano lo sabía y por eso la dejó aquí, para que nos enferme a todos." (25)
"_ Desaparézcala _ dijo _ Acábela. Conviértala en una muerta como cualquier otra." (25).
El cuerpo debe desaparecer, y esa afirmación aproxima uno de los capítulos más tristes de nuestra historia, que nos recuerda el grado de división profunda, intolerancia y de crueldad que alcanzó el pueblo argentino. Evita, aún estando muerta, no se encontró ajena, ya que fue utilizada como estandarte en ese enfrentamiento. Lo cual demuestra que, si el objetivo del gobierno militar del 55 fue pacificar, el efecto fue contraproducente. La desaparición del cuerpo de Eva generó un vacío al que era fácil aferrarse a falta de algo mejor: "A fines de los años sesenta, el misterio del cuerpo perdido era una idea fija en la Argentina. (...) Se decía que, mientras no apareciera, el país iba a vivir cortado por la mitad, inconcluso, inerme ante los buitres del capital extranjero, despojado, vendido al mejor postor." (302). La solución de "desaparecer" a Eva acarreó una violencia aún mayor que la temida por el gobierno de Aramburu. Se multiplicó, como las infinitas imágenes de Eva que pueblan la novela de Tomás Eloy Martínez. Esta metáfora se puede aplicar dentro del contexto de la obra a la situación histórica concreta que vivió el país en tiempos recientes, el tema de los desaparecidos, si tenemos en cuenta los elementos que nos proporciona Spiller en relación al tema de la búsqueda de identidad, en la cual vimos que se cruzan la historia privada y la nacional. Spiller agrega que el escritor busca como "detective" porque se enfrenta a un estado que se ha criminalizado, por lo tanto su indagación apunta a los elementos que provocaron la criminalización de la política [23] . El narrador-periodista-detective-autor busca obsesivamente un cuerpo desaparecido, el de Eva, que representa al país. Sólo encontrará paz en el momento en que, narrándola, le devuelva el ser como pervivencia en la memoria.
El cuerpo de Eva descansa actualmente en la Recoleta, y ya no despierta las reacciones extremas de hace apenas dos décadas, en donde incluso se llegó a matar por él. Sin embargo su figura sigue alentando sentimientos encontrados y confusos. Hay quienes creen que ella es sólo un personaje de ópera. Pero el hecho de que Eva aún representa un mito doble y contradictorio se demuestra en las polémicas que surgen en torno suyo, lo cual justifica plenamente que autores argentinos continúen indagando en busca de una verdad más completa.
Ambos escritores se proponen profundizar acerca de este personaje histórico, ahondando en la intimidad de la mujer que fue. Eloy Martínez nos dice que es posible abarcar a Eva desde todo punto de vista, ya que se deja leer en doble sentido, y juega con el nombre: EVA -AVE. Por eso el autor estructura la obra en avance hacia su muerte y retroceso hacia su infancia, desplegando los dos aspectos de la vida de Eva: el público y el privado. Posse utiliza un recurso semejante, porque su obra presenta un dinamismo de avance y retroceso paralelos. Los dos autores quieren mostrarnos a una mujer en su transformación, de ahí la estructura dinámica de sus obras. Posse utiliza el simbolismo de la "gestación". Nosotros hablamos de una gestación al revés, ya que Eva se dirige a su muerte. Pero esta muerte implica una resurrección. El autor no utiliza imágenes de destrucción o disolución, sino que sugiere el paso a otro estado, otra forma de vida. Eva nos habla desde otra dimensión, que como dijimos, es la del MITO.
Tomás Eloy Martínez también se refiere a una forma de cambio en la imagen de la mariposa. Evita muere, es embalsamada, y paradójicamente renace más bella aún, rodeada de un halo sobrenatural, todavía eficaz y actuante en la política.
Sin embargo La pasión según Eva se centra básicamente en la vida de Evita, y muestra el costado humano de su muerte: el dolor, el miedo, el examen de conciencia frente a lo irreversible. El autor no se interesa por la otra historia de Eva, la de su cadáver.
Mientras que la obra de Posse ubica su atención en las décadas del 30 y del 40, Santa Evita refleja con más interés las décadas posteriores a la caída de Perón, y llega hasta la actualidad. La mirada de Posse se detiene en la época en que Buenos Aires era una "fiesta", y describe con un dejo nostálgico las andanzas de Eva en una ciudad henchida de posibilidades, vital, cruel, dinámica. El país que se muestra en la obra de Eloy Martínez ha cambiado completamente su faz. Es el largo período de inestabilidad e inseguridad, de terror y persecución, que ha quedado profundamente grabado en la conciencia del escritor.
Pero ninguno de los dos difiere en cuanto a la visión de Eva como mujer. Frente al imperativo de compilar la mayor cantidad de versiones, ambos autores presentan el material de manera similar. Juntando testimonios de partidarios y de opositores, analizando los discursos, las filmaciones y las fotos, la idea es mostrar a una Eva lo más humana posible, es decir, llena de contradicciones. Sus ataques de furia junto con la dulzura y la humanidad, la entrega total a la causa y la frivolidad, la venganza y el resentimiento con el deseo de crear una sociedad más justa.
La necesidad de bucear tras el mito aparece de manera explícita en las dos obras. Abel Posse realiza en el fragmento de la página 273, un análisis acerca de la "curiosa mitificación mundial de Eva". Presenta el testimonio de un peronista, "viejo ex funcionario", que expone en cuatro puntos su visión del tema. Este fragmento subraya de manera clara, el carácter de entrevista que recorre toda la novela, y que aunque por momentos se esconde, surge al ser retomadas las distintas voces.
Los elementos que a juicio del entrevistado contribuyeron a crear la mitificación de Evita son los siguientes:
1 - "Asumió el poder con la furia del justo que lucha contra el Mal"
2 - Sintió intuitivamente el inhumanismo de las políticas vigentes. Opone una cultura de la solidaridad a las ideologías resecas.
3 - Era "una mística del bien en estado salvaje", una transgresora. Una Rimbaud de la política.
4 - Tenía "una actitud revolucionariamente femenina", asumiendo el poder desde lo femenino, es decir, fuera de todo cargo "macho". La compara con Bolívar.
A su vez, el narrador en la novela de Martínez expone en el capítulo 8, "Una mujer alcanza la eternidad", a lo largo de siete puntos los elementos que en su opinión construyeron el mito.
1 - Su rápido ascenso desde una carrera casi anónima hasta un puesto inusitado. Transgredía los códigos culturales de la época: "actuaba como un macho" (184).
2 - Murió joven (como Gardel y el Che), a los 33 años y su muerte fue una tragedia colectiva.
3 - Fue el Robin Hood de los años 40. En este punto el autor relata anécdotas paradigmáticas acerca de las obras con las cuales tendía a paliar la situación de los más desprotegidos, y la famosa historia de su enfrentamiento con la Sociedad de Beneficencia.
4 - Analiza la relación de amor entre Perón y Evita para deshacer el mito de que "Perón la amaba con locura". En opinión del autor, Evita lo amaba más. Se relata el encuentro del Luna Park de una manera ambigua, en donde se mezclan ficción y realidad.
El autor comienza diciendo: "He visto en los archivos Nacionales de Washington los noticieros filmados esa noche" (190). Más adelante, como para acentuar la veracidad de lo narrado, agrega: "El encuentro sucedió a las diez y catorce de la noche: en lo alto del gimnasio hay dos relojes que lo atestiguan". Pero luego de una descripción aparentemente objetiva, la escritura se interna en la conciencia de Eva y en lo que podría haber sido la historia. Una vez más nos encontramos con la necesidad de recurrir al relato ficcional como único medio para "resucitar la vida" y realizar la revitalización de los hechos.
5 - El fetichismo que genera, en donde se ironiza la adoración de Evita en los altares populares.
6 - Los "relatos de los dones", a través de los cuales se describe y se exagera la obra realizada por Eva con la Fundación. Toda familia cuenta en su historia con un "don" recibido de Eva.
7 - El monumento inconcluso.
A través de estos siete puntos que exponen de modo supuestamente objetivo los elementos de la mitificación, se realiza un pantallazo de la vida de Evita, mediante anécdotas reales y otras infundadas, y con una gran cuota de exageración e ironía.
Por último el autor cierra el capítulo con un análisis de la elaboración realizada por la literatura, desde los escritores que en la década del 50 necesitaron exorcizarse del peronismo, hasta las obras de los homosexuales, quienes mejor entendieron "la yunta histórica de amor y muerte".
El narrador concluye exponiendo su propia obsesión: "Así voy avanzando, día tras día, por el frágil filo entre lo mítico y lo verdadero, deslizándome entre las luces de lo que no fue y las oscuridades de lo que pudo haber sido. Me pierdo entre esos pliegues y ella siempre me encuentra." (204)
Lo que se pone de manifiesto en ambos fragmentos es la dificultad de abordar objetivamente al personaje. Por un lado nos encontramos con un juicio que surge de una meditación en términos abstractos, pero realizada a partir de una determinada postura ideológica. Por el otro nos enfrentamos a una visión hiperbólica que intenta abarcar lo más posible e incluir elementos contradictorios. Los factores en que coinciden se refieren a dos temas concretos e inseparables de la proyección de Eva por encima del común: su papel de transgresora en una sociedad con códigos establecidos, pero sobre todo su condición de mujer irrumpiendo con violencia en un mundo claramente de hombres. Los puntos de vista admiten que no es posible hablar en Eva de un "feminismo" consciente, que incluso ella puso en tela de juicio más de una vez. Pero su actitud fue en sí revolucionaria y aportó sin quererlo al movimiento feminista, en cuanto que logró insertar a la mujer en la vida política y estimuló toda una serie de cambios en la conducta de las mujeres, que estarían en germen de algún modo, pero que ella encarnó sin lugar a dudas. Sin dejar de representar el estereotipo femenino de su época, alentó actitudes que rompían los esquemas establecidos.
La obra de Posse encara de manera más directa el tema del enfrentamiento machismo- feminismo, porque recorre los pasos de la Eva viva y su lucha en cada instancia: la ascendente carrera artística, los años de poder, su agonía equiparada con el peligro latente del avance opositor. La mayoría de los autores consultados concuerdan en afirmar que la oposición generada por Evita en amplios sectores anti-peronistas tenía que ver con el hecho de ser una mujer actuando en un mundo que había sido hasta ese momento coto cerrado de hombres. Su poder molestaba en forma particular a los militares, en quienes se evidenciaba más abiertamente la mentalidad machista y conservadora. También era un aspecto que irritaba a la burguesía en general, que veía peligrar su mundo de seguridades establecidas en la irrupción bárbara de esta mujer iletrada y de pasado dudoso. Eva representa un nuevo tipo de mujer, no de manera consciente y planeada, pero sí de modo eficaz. El mundo de la mujer no será el mismo a partir de Eva.
La transgresión que ella encarna se extiende además al mundo de la política, porque siempre bajo la mirada de Perón, pero ejerciéndolo merced a sus propios rasgos de personalidad, inaugura un modo nuevo de actuar en política. Eva no estudió, no tenía la menor idea del protocolo, ni le interesaba desentrañar los secretos de la diplomacia. Su actuar es directo y concreto. Y Perón, al tanto de dicho rasgo, lo utiliza a su favor.
A lo largo de las dos obras se discute acerca de quién fue el verdadero generador de este fenómeno que fue Evita. Las voces que se pelean la autoría corresponden siempre a hombres que la rodearon. Evita adjudica todo el mérito a Perón. El contraste entre estas posiciones, lo acentúa la personalidad fuerte de Eva que surge de las anécdotas. Porque como no se puede creer ni a las declaraciones propias hechas en las revistas o en La razón de mi vida, ni a los recuerdos de Perón, ni a las opiniones de detractores y de admiradores, sólo se podrá prestar confiabilidad a los hechos mismos iluminados por la facultad imaginativa de los autores. La conclusión de éstos sobre el tema viene a ser la más equilibrada: ni una cosa, ni la otra. Evita brilló con luz propia, llegando incluso a opacar a Perón, por talentos natos. Pero su vocación política y social fue desarrollándose a partir del contacto con Perón y sus ideas. Uno de los elementos determinantes y más característicos de su personalidad es la intuición, y es desde este perfil que Abel Posse desarrolla la idea de la pasión como motor del accionar de Eva.
En ambas obras los títulos hacen mención directa al tema religioso, que se refiere a uno de los dos mitos de Eva, el "blanco", aquel que la considera una santa o benefactora.
En Santa Evita, la intención de confundir al lector salta a la vista, porque luego de recorrer la macabra historia del cadáver embalsamado y las anécdotas contradictorias acerca de Eva, no es esta faceta la que surge. Lo que se pone en evidencia es la falsía de quienes pretendieron utilizar políticamente la figura de Eva a través de su cuerpo muerto y la manipulación realizada a partir de ambos mitos. La lucha que se entabla es entre peronistas fanáticos, que se autodenominan "el Comando de la venganza", y anti-peronistas rabiosos. Más allá de la misma, se encuentra el narrador tratando de escribir a una Eva más humana para devolverle su ser. El título no tiene una connotación religiosa, sino política. El dibujo de la tapa, que la muestra tal como la soñara el autor, con un halo de luz tras su pelo dorado, y las alverjillas de rigor en los altarcitos populares levantados por sus adoradores, evoca la figura de Santa Juana de Arco, una santa de verdad, quien muriera inmolada, también joven, y comprometida con una causa política. Por eso es que es el aspecto político el que queda puesto de relieve, más allá de toda mistificación.
La pasión según Eva hace una referencia bíblica explícita, que adjunta un sentido religioso al otro sentido pagano con el que juega el autor. El sentido religioso se refiere al calvario de Cristo, y el sustantivo "pasión" se relaciona con la idea de padecer, sufrir. Es el tema de la enfermedad, que en la visión de algunos, convierte a Evita en una especie de santa laica. Eva se consume por amor a su pueblo, sacrificando la salud en el altar del servicio. En el sentido pagano, recalca el tema de la idea motriz adjudicada por el autor a partir de los testimonios, al carácter de Eva, la de la pasión, ya sea política, o transpolítica. En definitiva, la pasión que la arrastra hacia su tercera vida, de trabajo intenso en favor de los más pobres y olvidados de la nación. Esa pasión no surge como una iluminación repentina, sino que se evidencia desde su niñez (de acuerdo con sus propias declaraciones), y se inserta en un proceso a lo largo de diferentes etapas, con un punto culminante. Esta es la imagen que en definitiva prevalece como la verdad más íntima de Eva.
Las dos novelas parten curiosamente del mismo objetivo y llegan a metas semejantes, en cuanto a la imagen de Eva que logran transmitir. En ambos casos se puede comprobar que la estructura específica que configura el relato, sirve para expresar una determinada metáfora, tras la cual subyace un símbolo. Ambos autores se interesan por indagar en la historia de Evita, para desentrañar el misterio de una mujer que surgió de la nada y llegó a tanto.
Tomás Eloy Martínez realiza una lectura que resulta más "política", y adquiere connotaciones muy actuales. Carlos Fuentes define a Santa Evita como "la historia de un país latinoamericano autoengañado, que se imagina europeo, racional, civilizado, y amanece un día sin ilusiones, tan latinoamericano como El Salvador o Venezuela, más enloquecido porque jamás se creyó tan vulnerable, dolido de su amnesia porque debió recordar que también era el país de Facundo, de Rosas y de Arlt, tan brutalmente salvaje como sus militares torturadores,..." [24] .
La visión de Posse no deja por eso de ser política también. Pone de manifiesto una vez más las profundas dicotomías y divisiones que lastiman al pueblo argentino, desde que se conformó como tal. La revisión de los conceptos que hicieron surgir al peronismo y que lo convirtieron en lo que es no están de más en una nueva etapa de este partido frente al gobierno de la nación.
Las generaciones que no vivieron el primer peronismo, no conocen a Evita. Recibieron una iconografía, que en la sociedad de consumo adquiere una fisonomía novedosa y excitante. Es la "Evita" de las óperas y los filmes, casi un personaje vestido de Dior que levanta los brazos al cielo y canta "Don' t cry for me, Argentina". Sin embargo leen todos los días los diarios y se preguntan qué le pasa a su país.
Estas reflexiones surgen al finalizar ambas novelas, porque en las dos subyace la misma pasión. Y es inevitable que esa pasión tenga una fuente irradiante: Evita. "Evita vive", rezan muchos carteles el 26 de julio. Y es cierto, en la medida en que es resucitada a través de la mirada de los escritores.
Martínez, Tomás Eloy | Santa Evita, BsAs, Planeta, Biblioteca del Sur, 1995 |
Posse, Abel | La pasión según Eva, BsAs, Emecé ed. SA, 1994 |
Barnes, John | Evita First Lady. A biography of Eva Perón, New York, Grove Press Inc., 1978 |
Dujovne Ortiz, Alicia | Eva Perón. La biografía, (trad. del francés por la autora), BsAs, Aguilar, 1995 |
Fraser, Nicholas and Navarro, Marysa | Eva Perón, New York- London, W:W. Norton & company, 1981 |
Luna, Felix | Perón y su tiempo, BsAs, Sudamericana, 2 ed. unificada, Septiembre de 1993, (I. La Argentina era una fiesta. 1946- 1949, 1984; II. La comunidad organizada. El Año del Libertador, 1985; II: El régimen exhausto, 1986) |
Mac Donnell, Carlos Salvador | Simplemente Evita, BsAs, Ed, Corregidor, 1995 |
Navarro, Marysa | Evita, BsAs, Planeta, Espejo de la Argentina, 2 ed., 1994 |
Sebreli, Juan José | Eva Perón. Aventurera o militante, BsAs, La Pleyade, 4 ed.ampliada, 1990 |
Taylor, J. M. | Eva Perón. The myths of woman, Chicago, The university of Chicago Press, 1979 |
Bachtin, Michail. M. | Formen der Zeit im Roman. Untersuchungen zur historischen Poetik, Frankfurt am Main, Fischer Taschenbuch Verlag, 1989 |
Ricoeur, Paul | Finitud y culpabilidad, (Versión castellana de Alfonso García Suárez y Luis M. Valdés Villanueva), BsAs, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, SA de ediciones, 1991 Hermenéutica y estructuralismo, BsAs, La aurora, 1975 |
Spiller, Roland | Zwischen Utopie und Aporie: die erzählerische Ermittlung der Identität in argentinischen Romanen der Gegenwart; Juan Martini, Tomás Eloy Martínez, Ricardo Piglia, Abel Posse und Rodolfo Rabanal, Frankfurt am Main, Vervuert, 1993 (Editionen der Iberoamericana: Reihe 3, Monographien und Aufsätze; Bd. 46) |
Arenes, Carolina | Biografía de Eva Perón: la historia de un mito que siempre vuelve a escena, en: La Nación, 16/ 11/ 1995 |
Fuentes, Carlos | Santa Evita, en: La Nación, 18/ 2/ 1996 |
Noel, Martín Alberto | Diosa bifronte. La mujer más odiada y amada del país, en: La Nación, 26/ 11/ 1995 |
Vargas Llosa, Mario | Placeres de la necrofilia, en: La Nación, 28/ 1/ 1996 |
La Maga | Quién fue Evita, Año 5, Número 211, Miércoles 31 de enero de 1996 |
[20] El autor se refiere en la página 131 a los distintos nombres peyorativos que recibía Evita. Entre ellos se encuentra el de "butterfly", en inglés "mariposa", usado por Martínez Estrada, utilizado en sentido negativo.
Él mismo utiliza recurrentemente la imagen de la mariposa para referirse a Eva: "Se tejió a sí misma una crisálida de belleza", Martínez, Tomás Eloy, La novela de Perón, Bs.As., Ed. Planeta, 1991, p. 256.[24] Fuentes, Carlos, Santa Evita, en: La Nación, Cultura, Bs.As., 18- 2- 1996.